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‘Bollywood’, flamenco, toros y tomates

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Escena de una película producida en la India.

En la Industria del cine de Mumbai o Bollywood, como popularmente se denomina al puro cine comercial y de escapismo en idioma hindi, el contenido de la película; de qué va la historia, es decir, el guión, es lo último en importancia en la cadena de ensamblaje a la hora de estudiar en realizar un proyecto cinematográfico. Se le da prioridad a las ‘estrellas’ con excelente aspecto físico. El talento en interpretación es lo de menos. La mayoría de los ‘actores’ proceden amparados económicamente por sus familias pertenecientes a la industria por generaciones. Después de obtener a una estrella conocida, viene la importancia de tener en el proyecto a una casa productora de renombre (llamada banner) de cara a la distribución, ventas de derechos musicales a TV, radio y promoción del Cd musical. Luego al coreógrafo, director de música, productor ejecutivo, director de fotografía y ya en el último eslabón en importancia, se deja al director y al guión. Cuando los encargados del marketing de la película dan más bombo publicitario a la cantidad de presupuesto utilizado, los decorados construidos, al vestuario o a la transformación física del actor, significa que el argumento de la película es un sin sentido atentado contra las leyes lógicas de la realidad que harían temblar los fundamentos más básicos de la escritura de guiones de un tal Syd Field o un Robert McKee, y es por eso, que lo consideran secundario como motivo para atraer al público fervoroso e idólatra infantil a ir al cine.

Cuando los representantes o también llamados ‘personal managers’, te argumentan que sus clientes están muy ocupados leyendo guiones, quiere decir que el ‘actor’ no tiene trabajo; porque nadie lee guiones. La mayoría de las ‘estrellas’ de Bollywood no leen absolutamente un guión, y si preguntan por ello, quiere decir que te quieren dar a entender que son ‘serios’, y quizás, porque el argumento que les cuentas les parece interesante, pasan el guión a terceros para que se lo lean, es decir, les narren al oído (excusa en caso de futuras disputas de copyright) y acaben realizando la película entre el círculo cerrado de amigos de la industria.
Hasta hace unos años, para conseguir una reunión con una ‘estrella’ de Bollywood, el proceso era mediante su ‘personal manager’. Hoy en día, se ha convertido en tarea mucho más complicada, como sucedió a Danny Boyle con su ‘Slumdog Millionaire’. El Director británico quería una ‘estrella’ concreta para el papel del protagonista que dirige el concurso televisivo, pero los numerosos mediadores por delante del actor, acabaron con su paciencia, y terminó por contratar a otro. El motivo principal es la aparición de lo que se denomina ‘celebrity manager’. Mientras que el ‘personal manager’, como vieja escuela, se sigue dedicando a organizar los horarios y el calendario, el ‘celebrity manager’ va más allá, se dedica a buscar oportunidades a la ‘estrella’, por ejemplo, mediante la representación de productos comerciales en anuncios TV, controlando sus apariciones públicas y en ‘reality shows’. Esto se ha convertido en un trending topic; el que presume de ser alguien en Bollywood te muestra su importancia mediante sus empleados de por medio y estos te hacen esperar hasta la desesperación o te cambian las horas y fechas sin anuncio previo. Las Agencias que se dedican al ‘celebrity manager’ no solo tienen en cuenta los negocios de las ‘estrellas’ sino que también hacen estudios de mercado, atrayendo así, a directores de cine y productores que van a ellos para ser aconsejados que ‘estrella’, masculina o femenina, conviene más en tal o cual papel de cara a que sea un éxito en taquilla.
Cuando en prensa comentan que Bollywood rompe barreras y hace internacional el cine de la India, en primer lugar, Bollywood no representa el cine indio. La Industria cinematográfica del Sur de la India, genera muchísima más recaudación. El cine indio realizado en otros idiomas regionales como en Telegu, Bengalí o Malayam, es el que más premios obtiene en prestigiosos festivales internacionales. La mayoría de los mejores técnicos que trabajan en Mumbai proceden del Sur de la India. También es verdad que nuevas producciones de Hollywood han ido y van a la India a rodar, pero esto no significa que la India sea parte de la narrativa de Hollywood. Son las bellas y exóticas localizaciones lo que interesan de la India. Los extranjeros crean historias compatibles con los exteriores de la India. Pero lo que mayoritariamente se debate hoy en día, no es el llamado ‘Bollywood goes global’. Lo que interesa de la India a las empresas extranjeras es en qué modo pueden distribuir sus producciones en el emergente mercado indio. Aun queda mucho para que se pueda hablar de adaptaciones, por producciones extranjeras, de historias locales o con fuertes raíces culturales y sociales de la India. Esto sí que rompería barreras.
Uno de las mayores efectos publicitarios realizados en España utilizando el término ‘Bollywood’, vino con el anuncio de una ‘alianza’ entre el Centro de Estudios de la Ciudad de la Luz y una Academia de cine en Mumbai llamada Whistling-Woods, presidida por un conocido director y productor indio de grandes éxitos en taquilla durante los 80′ y principios de los 90′, llamado Subash Ghai. Como buen indio de negocios; engatusador, enredante y oportunista, en la India hizo publicidad en revistas y periódicos con fotos aéreas de la Ciudad de la Luz, y a pie de página; ‘Nuevas instalaciones de Whistling-Woods’. Los indios supieron sacar más provecho publicitario y económico atrayendo más estudiantes indios a su costosa Academia elitista de Mumbai (presumiendo de tener instalaciones internacionales) que jóvenes españoles aprendiendo algo en Alicante de este sin sentido. Hace unas semanas se supo que el terreno donde está construida dicha Academia, se obtuvo ilegalmente con ayuda de un político corrupto padre de un joven ‘actor’ de Bollywood, y para el 2013 lo tienen que desalojar (o para entonces, quizás acaben sobornando a la corte suprema para que ratifiquen en su favor). Lejos y olvidado quedó el viaje pagado a Subash Ghai con sus acólitos a Alicante y su fanfarronea conferencia de prensa en las instalaciones de la Ciudad de la Luz, donde presumió de haber ido hacia poco a Austria a rodar escenas de su última película. Lo que no dijo fue que tras su estreno, se estrelló en taquilla calamitosamente, negándose públicamente la ‘estrella’ principal en volver a trabajar con él en un futuro.
El entablar una discusión con un productor indio es como si se realizase con un ser con personalidad bipolar. Los indios odian el Estado; policía, jueces y políticos (no conozco indio alguno que no hable mal de estos tres pilares) pero aman a la Nación; son muy patrióticos (sobre todo durante competiciones de cricket). Su cine se financia en su totalidad por empresas privadas, a diferencia del nuestro que percibe una mayor cantidad del presupuesto a través de subvenciones públicas. De este modo, el productor indio piensa que el dinero fluye del bolsillo de los extranjeros y tiene asumido que para ellos una simple cantidad de cien euros no tiene ninguna apreciación. Ya que no son conscientes de lo que es ético y moral, por qué no inflar aquí y allá el coste de las cosas? No es de extrañar que la práctica común entre jefes de producción sea hacer un ‘boquete’ de un mínimo de un 30% del presupuesto de la película, obteniendo además, con sonrisa inocente y jovial, sus remuneraciones acordadas con anterioridad al inicio del proyecto. El mayor problema de la India no es la superpoblación o la pobreza, sino algo tan simple y elemental como el comportamiento cívico, que no existe.
Uno de los grandes éxitos del año pasado en la India se rodó en España. Titulado ‘Zindegi Na Milegi Dobara'( Sólo se vive una vez) Había bailes de flamenco, escenas corriendo delante de toros recreando los sanfermines, y escenas durante la fiesta de la tomatina de Buñol. Esta fue la imagen que exportamos. Hasta tal punto que en Estados como Goa, quisieron recrear como fiesta de fin de año, la tomatina. Las ONG’s pusieron el grito en el cielo argumentando que en un país donde el índice de pobreza iguala al rincón más pobre de África, sería un atentando moral y ético el tirarse tomates unos a otros.
‘Bollywood le gusta… (Cierta ciudad española)’ ‘Bollywood elije… (Cierto paisaje español)’ ‘Actores de Bollywood vienen a rodar’ ‘Superproducción hindú’… Son tópicos titulares de prensa escrita en España que no hacen sino utilizar el término Bollywood e hindú, sin criterio y conocimiento alguno de cara a llamar la atención del lector. Aunque el equipo de rodaje indio (que pueden ser ateos o de religión hindú, musulmana, jainista, budista, etc…) procedan de la industria cinematográfica del Estado sureño de Andhra Pradesh (donde hablan Telegu) y vienen a rodar exteriores para sus escenas musicales a Benidorm, la prensa local, no duda en calificarlos como ‘Bollywood’ simplemente porque proceden de la India. Por el contrario, en el país del sureste asiático, los españoles, hasta el momento, nos hemos convertido en sinónimo de flamenco, toros y tomates.
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